La Davis se tendría que llamar Copa David

Todos alguna vez nos llevamos alguna cosa de algún evento. Yo no creo que esté mal hacerlo si, de hecho, está contemplado que algún que otro invitado se va a llevar un souvenir, un recuerdito: un salero, un cenicero, una botella de vino escondida en la manga del saco —me contó un amigo— y, los más osados llegamos al punto de llevarnos algunas copas.

Para mí en estos últimos entra Nalbandian, convengamos que es de los que evento deportivo en el que participa el tipo se trae una copa, y digo se trae porque, para los que no saben, Nalbandian es de Unquillo, provincia de Córdoba, lugar al que siempre vuelve, lugar que no abandona. En un rapto de iluminación podríamos decir que David es el Rexona de Unquillo —porque no lo abandona—.

Lo hizo Campa en el evento de Nalbandian, ¡Animate vos también!

Al fin y al cabo en los eventos están esperando que te lleves algo sino ¿para qué ponen al alcance de la mano todas esas cosas tentadoras, que por lo general entran en el bolsillo del caballero o en la cartera de la dama?

Ezequiel Campa muestra también una realidad en esto de no abandonar cosas en los eventos; y es que es amor a primera vista con el objeto a ser llevado. Uno no agarra las cosas antes de irse, no. Uno las toma a momentos de haber llegado y pasa toda la noche pensando en el salero que está en el bolsillo derecho del saco, por ejemplo; o en las copas que quedaron en la cartera de tu novia, motivo por el cual no te preguntás para qué necesitaba una cartera tan grande.

Algo de todo esto nos une con David Nalbandian, él también apenas llega quiere llevarse la Davis y por eso la guarda en un bolsillo imaginario. No abandona la imagen de tenerla ahí lista para cuando el evento termine y llegue el momento de volver a Unquillo, y llevarla a casa.